La jornada comicial cumplida el 11 de noviembre de 1951 tuvo una importancia excepcional para el peronismo jujeño ya que era la primera vez que se renovaba la gobernación ejercida por el ingeniero Alberto Iturbe cuyo mandato se había extendido por seis años como consecuencia de la reforma de la Constitución Nacional efectuada en 1949 que unificó los mandatos provinciales con el del Presidente Juan Domingo Perón. En la legislatura las 24 bancas eran ocupadas por peronistas, contando el gobierno con mayoría absoluta. El bloque oficialista estaba compuesto por diputados que habían sido elegidos por el sistema de circunscripciones y lo integraban Alfredo Rivas, Carlos Santillán, Luis Schapira, Manuel de Tezanos Pinto, José Verasay, Manuel Alias, Roque Barrionuevo, Eduardo Basail, Dardo Domínguez, Armando Fernández, Vicente Filardi, Demetrio Cabana, Isaac Cabana, Demetrio Cazón, Pantaleón Gallardo, Francisco Jiménez, José Manuel Güemes, Hugo del Valle Chalup, Tomás del Campo, Viviano Dionisio, Pablo Mendoza, Manuel López, Carlos Snopek y Alejandro Mac Donald. La renovación legislativa se efectuaba de acuerdo a la ley electoral 225 sancionada en agosto de 1951 la que introducía una importante modificación ya que se otorgaba representación a las minorías, por primera vez, bajo el sistema de tachas o borratina reservando 24 bancas para el oficialismo y 8 se otorgaban a partidos minoritarios. El triunfo peronista fue categórico consagrando en la gobernación a la fórmula que llevaba al profesor Jorge Villafañe y al médico Emilio Navea que aseguraban una abrumadora mayoría legislativa asegurando la acción de gobierno. La primera minoría correspondió a la Unión Cívica Radical que impuso seis diputados y el partido Demócrata, con la segunda minoría logró dos. El radicalismo lo presidía Horacio Guzmán y el Partido Conservador don Oscar Rebaudi Basavilbaso.

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Horacio Guzmán condujo el bloque que se negó a jurar la Constitución peronista.

SE PRODUJERON DOS DICTÁMENES
La oposición quedó constituída por los radicales Rolando Corte, Juan Argentino Mansilla, Juan San Román, Julio Luis Pérez, Carlos Héctor Campero y Servando Palacios teniendo como suplente a Leopoldo Abán. El partido Demócrata lo representaban Luis Zamorano y Antonio Salmoral en tanto Isidoro Chorolque en carácter de suplente. Al cumplirse la sesión preparatoria el 26 de abril de 1952 se produjeron dos despachos, uno de mayoría aprobando la elección y otro de minoría que declaraba la invalidez de los diplomas de todos los diputados peronistas expresando que no correspondía la incorporación del diputado electo Juan José Castro que en esos momentos desempeñaba la vicegobernación sin haber renunciado al cargo de acuerdo a lo que disponían los artículos 56 y 57 inciso 18 de la Constitución vigente.
Se declaraba igualmente que tampoco correspondía la incorporación de Marcelino Brito, diputado suplente del peronismo mientras no se hubiera sancionado una reglamentación que rigiera la forma de suplantar a los titulares. El despacho de minoría fue firmado por el diputado Campero, mientras el de mayoría lo suscribió Miguel Augusto de los Ríos que en su carácter de Presidente de la Comisión de Peticiones, Poderes y Reglamentos dispuso aprobar los diplomas de los electos.
SE PLANTEA EL PRIMER PROBLEMA
Seis días antes que tuviera lugar la sesión preparatoria la Unión Cívica Radical comunicó a la Junta Electoral Nacional presidida por el Juez Federal Guillermo Snopek que todos los diputados electos renunciaban a sus bancas con carácter indeclinable argumentando que cumplían con una disposición partidaria. En tanto, el 20 de abril el presidente del Partido Demócrata, Oscar Rebaudi Basavilbaso y su secretario Guillermo González Padilla comunicaban al presidente de la legislatura que no aceptaban el sorteo que se realizó entre veinte candidatos de la lista partidaria porque no se había practicado a través del sufragio la borratina que autorizaba la ley, y que el señor Antonio Salmoral, que desconoció las resoluciones del Comité Central había sido separado del partido. La nota finalizaba adjuntando las renuncias de los diputados Zamorano y Chorolque, por lo cual el partido Demócrata no estaría representado en la legislatura de la provincia.
IMPUGNACIÓN AL ACTO ELECCIONARIO
Fijando la posición del bloque radical Rolando Corte manifestó: No es posible aceptar en silencio los guarismos que arroja un comicio sin precisar si ellos son fruto de una libre determinación ciudadana. Todo lo que ha hecho el oficialismo en el periodo preelectoral ha sido torcer la voluntad del pueblo con exaltaciones parcializadas y con acciones de fuerza que hicieron cundir el temor. El gobernador, candidato a senador nacional, fue el jefe de la campaña electoral, presidía las reuniones públicas, encabeza- ba las giras en los departamentos, disponía de los vehículos del Estado para el partido peronista, ordenaba la concurrencia a los mítines del personal de la administración y también de los maestros convirtiendo las escuelas en comités políticos. Su exposición fue cortada por el presidente provisional Isaac Cabana argumentando que esta fuera de la cuestión.
RENUNCIA DE LOS DIPUTADOS RADICALES
Las renuncia de los legisladores radicales causó preocupación en el gobierno de Alberto Iturbe que decidió formular por medio de la radio local una invocación patriótica invitando a que se incorporasen a la Cámara y confió a su ministro de gobierno Jorge Villafañe la misión de entablar conversaciones con Horacio Guzmán, jefe del radicalismo, para que hiciera desistir a sus seis diputados del abandono de las bancas como una expresión de convivencia democrática. Con respecto a la renuncia del conservador Zamorano, Iturbe dio instrucciones de que le fuera aceptada, lo que concretó en la reunión preparatoria. El motivo principal de las renuncias de los radicales se fundaba en el hecho de negarse a rendir homenaje a Eva Perón y jurar la Constitución jujeña reformada por el peronismo. Las tratativas del ministro Villafañe, que ya estaba electo como gobernador, se efectuaron en los ambientes del Club Social logrando que Guzmán aceptara el retiro de las renuncias con las condiciones ya expuestas y además, se permitiera al presidente del bloque Rolando Corte que impugnara el acto eleccionario y rechazar la incorporación de Juan José Castro como diputado sin haber tratado la Cámara su renuncia como vicegobernador.
PROBLEMA CREADO POR LA BORRATINA
La lista de los Demócratas estaba encabezada por Carlos Bárcena que por su notoria posición a Perón había sido eliminado del profesorado del Colegio Nacional. Como la ley electoral 225, aprobada el 7 de agosto de 1951 admitía la práctica de la tacha o borratina al realizarse el escrutinio Bárcena apareció con algunos votos menos, mientras que veinte candidatos tenían igualdad de sufragios, encontrándose entre ellos el conservador Antonio Salmoral a quien las autoridades de su partido le habían pedido la renuncia para posibilitar la incorporación de Bárcena, a lo que se negó, por lo cual Salmoral quedaría incorporado a la cámara.
La ley decía, y así lo dejó sentado el miembro informante de la respectiva comisión que ‘los electos de cada lista de la minoría serán los que tengan mayor número de votos, es decir, que será el pueblo y no el partido el que los seleccionará. En caso de empate, debía procederse por sorteo’. Estaba claro que el texto legal hablaba de empate entre candidatos de la minoría y no de empate en votos entre candidatos de una misma lista partidaria. Por una interpretación caprichosa la legislatura decidió hacer un sorteo entre los 20 postulantes más votados del partido Demócrata. En el acto, que no fue controlado por ningún opositor, resultó favorecido Antonio Salmoral y por ello quedó incorporado en la sesión preparatoria.
UN PENSAMIENTO INDEPENDIENTE
Ante la posición disconforme por la adjudicación de su partido Salmoral replicó a sus autoridades manifestando en el recinto: ‘Me negué a aceptar lo que se me pedía que renunciara porque si concurrí a los comicios sin pactos previos, ni acomodos, ni tergiversaciones, no había yo de acatarlos después del veredicto de las urnas, y niego que cualquier persona que acepte tales pactos y componendas pueda tener la más mínima dignidad, afirmando que significa tal aceptación la mayor degradación en que pueda caer un ciudadano esencialmente libre y democrático’. Continuó Salmoral expresando: ‘Falta de ética, propia de tahúres, es acudir al juego y pretender, cuando se pierde la partida quedarse con lo ajeno. Acudí al llamado de las leyes, presté mi nombre, como tantas veces dispuesto a ganar
o perder. No tuve impugnaciones ni denuncias mi actitud es intachable’.
LAS JUSTIFICACIONES DEL CASO
Justificando su actitud Salmoral manifestó: ‘Me incorporo a este cuerpo legislativo en una hora histórica que exige el concurso y el trabajo de todos, leal, desinteresado, tan íntegro como es posible a un ciudadano de esta nación. Significaré en este cuerpo un pensamiento independiente, constituído en vocero desinteresado, receptando al pueblo en sus clamores, anhelos y necesidades, no acepto la crítica destructiva y sistemática, pero tampoco me callaré en ningún momento en que crea equivocados a mis colegas, en tales casos sabré, dignamente y sin aspavientos ni cobardías, ni menoscabos expresar mi leal saber y entender’.

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