EL COQUENA

El Coquena, considerado el protector de los animales, se asegura que vigila a las llamas y vicuñas y se les aparece a los cazadores para defenderlas. En las inmensas soledades de la puna, los ganados están protegidos. Un enanito misterioso, un duendecillo, que todo lo ve, es quien defiende sus vidas de las crueldades humanas. Nadie a visto a Coquena. Es fama que tiene cara de cholo y viste casaca y pantalón de vicuña. Lleva también diminutas ojotas y ancho sombrero de suave pelo. Desde las alturas contempla sus bestias sin ser visto. Sólo se ha escuchado su silbido, que es mágico llamado. Pero es tal la seguridad de su presencia que todos le temen. Por eso no matan vicuñas ni llamas para utilizar su pelo.

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El Coquena

EL EKEKO

El Ekeko, dios de la abundancia y la fortuna, puede brindar o quitar prosperidad.

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El Ekeko

EL TÍO

El Tío, que habita en las minas, es al mismo tiempo protector de los mineros, y destructor y vengativo; para obtener su amistad se le ofrendan coca y chicha.

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El Tío

EL FAMILIAR

El Familiar surge en la época moderna y de la mano del progreso industrial. Nace y se desarrolla en el noroeste argentino junto con la proliferación de la industria azucarera y la instalación de varios ingenios a finales del siglo XIX y principios del pasado, donde se empleaban a miles de obreros a sueldos de hambre y condiciones de trabajo inhumanas.

El Familiar era el perro del diablo. Negro como la muerte y feroz como todo el mal del mundo. Sus ojos desprendían llamaradas de fuego y sus garras tenían la fuerza de mil hombres. Poseía un hambre que sólo se saciaba con la entrega de un peón al año. Por lo que el patrón del ingenio o el capataz, que había hecho un trato con el Diablo a cambio de la prosperidad del negocio, debía entregarle un obrero para que el Familiar se lo coma.

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El Familiar

A veces, el patrón mandaba a un obrero a buscar herramientas o cualquier cosa a estas habitaciones donde lo estaba esperando el perro del Demonio y nunca más volvía a salir.

Solía suceder en los ingenios que durante el trabajo, algún que otro trabajador encontrase la muerte. O bien cayendo a la caldera, o en la cinta trituradora del trapiche. No era algo extraño. Si esto ocurría se decía que había sido el Familiar que andaba con hambre. Si algún trabajador desaparecía, se decía que había sido el Familiar.

Y también podía suceder que el perro se tragase a algún trabajador en especial, sobre todo aquellos que tenían ideas políticas distintas de las del jefe. Estos solían ser los más deliciosos para el perro del Diablo, y además servía como ejemplo para que a ningún otro obrero se le ocurra tener ideas políticas distintas a las del patrón. Incluso era mejor que no tuvieran ideas políticas. Y hasta que no tuvieran ideas en absoluto.

No había manera de matar al Familiar. Si uno se lo encontraba al perro y quería clavarle el facón, encontraba que eso era imposible. En cambio si llevaba un rosario colgando y una cruz consigo, el perro no lo mataba. Es probable que igual le ladrara, pero a lo sumo salía un poco lastimado, nada más.

LA VIUDA

La Viuda, las descripciones que llegaron hasta nuestros días, son disímiles. Algunos la describen como una mujer algo joven, de unos cuarenta años, alta, esbelta y aparentemente bella, aunque nunca nadie le pudo ver el rostro

Se dice que aparece cuando una mujer murió en forma trágica a consecuencia de un engaño amoroso; ya sea porque ha sido asesinada por su marido infiel, o por la mujer que integra el fatídico triángulo de amor y muerte.
Hay también quienes atribuyen su macabra aparición, a que un ladino varón no dio cumplimiento al juramento de fidelidad-seguramente obtenido bajo presión- de no volver a casarse o juntarse, en el caso que ella muriera antes. En ambos casos, las apariciones tendrían por objeto atormentar – más bien continuar- a sus ex maridos por la nueva vida que hace junto a otra mujer después de su muerte.

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La Viuda Negra